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ISIDORO DE SEVILLA Libro de las sentencias II y III

Las Sentencias de San Isidoro es tal vez la obra más leida durante la Edad Media. Lo atestiguan los miles de manuscritos copiados durante toda la época previa a la aparición de la imprenta. Se trata de un compendio de fe y de moral. Por el aspecto sistemático preludia la escolástica. El libro I De Summo bono trata en 30 caps. los atributos divinos y el conocimiento de Dios; su eternidad; la creación del mundo; el mal; los ángeles y la naturaleza humana; Cristo y los Santos; la Iglesia, las herejías y el paganismo; las diferencias entre el A.T. y el N.T.; sobre el Símbolo de la fe, el bautismo y los sacramentos; la Escatología. Los libros II y III sobre las virtudes teologales, la gracia y las virtudes en general. La obra en primera instancia parece destinada a la formación del clero. Fue escrita entre el 612 y el 615 en plena madurez intelectual y pastoral del santo.


 


ISIDORO DE SEVILLA De los sinónimos y Libro I de las sentencias

En los diversos códices en los que se traslada el libro “De los sinónimos...’’ se dan títulos distintos del mismo. Son conocidos diez de aquéllos, de los cuales, en uno se titula la obra de San Isidoro “Diálogo entre la razón y el apetito’’; “Soliloquios“, en otros tres. El resto de ellos ya coincide con el que se cree título verdadero y definitivo, y por tal debió haberse tenido en la antigüedad, toda vez que así lo confirman la manera de expresarse en su prólogo el santo autor, y la autoridad del Concilio VIII de Toledo y la del mismo Graciano al citarlo con la palabra latina plural neutro Synonyma.




BRAULIO SAN Epistolario

 Al amparo de los reyes visigodos floreció en Bispania durante el siglo VII una cultura, que dejó muy por detrás todo lo que, por igual tiempo,
se produjo en Francia y en Italia.
Este florecimiento cultural pudo darse  gracias, sobre todo, a la solidaridad y rápida fusión de lo hispano-romano y lo visigodo y a las estrechas y óptimas relaciones entre la Iglesia y el Estado, que tienen su manifestación más acusada en los Concilios de Toledo.
El  primer representante de esta cultura es, sin duda, San Isidoro de Sevilla, pero no es menos cierto que a este resurgimiento cultural contribuyeron no poco algunos de los reyes visigodos, y de entre los obispos merecen destacarse los nombres de Braulio, Eugenio II, Tajón, Fructuoso, Ildefonso y Julián.
A la muerte de San Isidoro ( 636) el centro cultural de la España visigoda pasó de Sevilla a Zaragoza en la figura del más ilustre de sus discípulos, San Braulio.  



TERTULIANO Tratado de la paciencia

Este trabajo pertenece al grupo de obras ascéticas producidas por el gran Maestro Africano durante los seis primeros años de su sacerdocio. Entre
ellas cabe destacar sus tratados sobre “La Oración”, “La Penitencia” y “El bautismo”, con los cuales se había propuesto resumir y completar la instrucción oral dada a los catecúmenos, describiendo y profundizando el hondo y misterioso sentido moral y litúrgico, que encerraban algunos ritos eclesiásticos de la iniciación cristiana.


 


CRISÓSTOMO JUAN 25 homilias sobre los Hechos de los Apóstoles

Según parece predicó el Santo estas Homilías entre el 400 y el 401, o sea cuando llevaba ya unos tres o cuatro años en la sede de Constantinopla como Arzobispo; y por lo mismo se encontraba en pleno vórtice de los desórdenes promovidos por Gaina y los godos en aquella ciudad imperial. El Santo había elevado a dicha sede el 2 de febrero del 398. A consecuencia de tales desórdenes, los mismos taquígrafos que tomaban las improvisaciones y también los copistas de las librerías andaban mezclados en los alborotos políticos y perturbados, como se puede ver por las infinitas variantes de los códices. 


 


ORÍGENES Tratado de la oración

La escuela de Alejandría llegó a su apogeo bajo el suceso de Clemente, Orígenes, doctor y sabio eminente de la Iglesia antigua, hombre de conducta intachable y de erudición enciclopédica, uno de los pensadores más originales de todos los tiempos. Gracias al interés particular que le dedicó el historiador Eusebio, poseemos más datos biográficos de su persona que de ningún otro teólogo anterior. Eusebio consagra a Orígenes una gran parte del libro sexto de su Historia eclesiciástica. De no haberse perdido, las cartas de Orígenes, que pasaban del centenar, habrían sido la mejor fuente de información para conocer su personalidad. Afortunadamente, Eusebio, que las recogió, las utiliza ampliamente en el bosquejo biográfico de Orígenes. 


 


 

LEIRINS DE VICENTE SAN El conmonitorio

 

San Vicente es el más conocido de los monjes escritores de Lérins. Poco sabemos de su vida, si se exceptúa lo que de él refiere Gennadio {De vir. ill. 65[64]). Oriundo de las Galias, Vicente se embarca durante varios años en variis ac tristibus saecularis militiae turbinibus y fija luego su residencia en Lérins, donde vive como sacerdote anejo al monasterio. Gennadio celebra sus conocimientos bíblicos y de historia de los dogmas. Al parecer, tuvo a su cuidado, con Salviano, la formación de Salonio y Verano, hijos de Euquerio (Euquerio. lnstr. I praef.) Murió antes del 450; acaso, antes del 435.


 

LEÓN MAGNO SAN Sermones escogidos

San León Magno nació probablemente en Roma hacia el año 400 y siendo ya diácono de La Iglesia Romana, adquirió en el pontificado de Celestino una considerable reputación. Se encontraba en las Galias, a donde había sido enviado para restablecer la paz entre los generales Aecio v Albino, cuando, en agosto del 440, el clero y el pueblo le eligieron sucesor del Papa Sixto III. Las circunstancias eran muy críticas, tocándole vivir en una época crucial, cuando el mundo antiguo se desquiciaba y los bárbaros irrumpían en el Imperio de Occidente, mientras que las herejías cristológicas soliviantaban el Oriente. San León conserva la serenidad y dotes de mando de un viejo romano y la elegancia aristocrática de un senador. Su misión fue mantener la unidad cristiana bajo el primado del sucesor de Pedro.


 


JERÓNIMO SAN Sobre los hombres ilustres

La obra consiste en un prólogo y ciento treinta y cinco capítulos, cada uno una breve biografía. El propio Jerónimo es el objeto del último capítulo. Una versión griega del libro, posiblemente hecha por el protagonista del capítulo ciento treinta y cuatro, Sofronio, también sobrevivió. Muchas de las biografías recogen la vida de importantes cristianos en la historia de la Iglesia, y se centran en su faceta de escritores. Se ha dicho que fue "escrita como una obra apologética para probar que la Iglesia había producido hombres instruidos". El libro fue dedicado a Flavio Lucio Dextro, que sirvió como secretario de Teodosio I y como prefecto de la guardia pretoriana del emperador Honorio (r. 395–423). Dextro era el hijo de Paciano de Barcelona, que fue muy elogiado en la obra. 


 


JERÓNIMO SAN Cartas espirituales

SAN JERÓNIMO  “el doctor Máximo en la exposición de las Sagradas Escrituras”, es una figura gigante, original, un recio tipo de fuertes contrastes, y el mundo sigue beneficiado de sus trabajos y desvelos. Si ese monumento incomparable que se llama la Biblia, si esa Divina Biblioteca de las Sagradas Escrituras por Dios inspiradas se nos conservan en una versión digna, siquiera no perfecta, la versión vulgata ahora oficial en la Iglesia, débese a San Jerónimo y a su trasnochar y sudar en el aprendizaje de idiomas exóticos y difíciles y en edad en que anda menos fresca y flexible la memoria.


 


EGERIA Itinerario

 La relación de parentesco entre la peregrina Egeria y la familia imperial es una hipótesis creíble, aunque nunca comprobada hasta hoy, que se apoya en el especial tratamiento que la peregrina y su comitiva reciben a lo largo del viaje: todos ellos reciben muestras de honor y respeto por parte de las autoridades de los lugares que recorren. Aunque está bastante generalizada la designación de ‘monja’ para referirse al status personal de Egeria, parece lo más pertinente ver en ella a una dama de alcurnia que escribe sus impresiones del viaje a las monjas de un monasterio situado en la provincia romana de Gallaecia, del que Egeria era protectora.




GREGORIO DE NISA Diálogo sobre el alma y la resurrección

El divino Gregorio, obispo de Nisa, nació en Sebaste (Capadocia) hacia el año 330. Fueron sus padres Basilio el Viejo y Emilia. Pocas veces encontramos en la historia del Cristianismo una familia que haya dado tantos santos a los altares. Merecieron tal honor su abuela Macrina, educada en la escuela de San Gregorio Taumaturgo; sus padres, Basilio y Emilia, y sus hermanos Basilio el Grande, obispo de Cesárea de Capodocia y padre de los monjes de Oriente; Pedro, obispo de Sebaste; Macrina, la primogénita, y Naucracio, monje solitario lo mismo que su hermana. No tiene por lo tanto nada de extraño que también Gregorio Niseno fuera venerado como santo, apenas dejada esta vida mortal, cumpliéndose así una vez más el dicho español “de tal palo, tal astilla”.


 


DE LYON IRENEO Contra los herejes V (de V)


 Su autor es el más destacado teólogo y Padre de la Iglesia del siglo II, San Ireneo de Lyon, que a través de su maestro San Policarpo fue discípulo de San Juan. Representa del modo más puro la Tradición Apostólica. Esta obra es de un interés particular, porque en la Providencia divina llegó a ser la fuente de la que brotaron muchas ideas y principios que en los siglos siguientes fecundaron la teología hasta el día de hoy. Para valorar su importancia basta ver, por ejemplo, la cantidad de veces que citan esta obra los documentos del Magisterio de la Iglesia, por ejemplo los del Vaticano II o el Catecismo de la Iglesia Católica. 



IRENEO DE LYON Contra los herejes III (de V)

 Su autor es el más destacado teólogo y Padre de la Iglesia del siglo II, San Ireneo de Lyon, que a través de su maestro San Policarpo fue discípulo de San Juan. Representa del modo más puro la Tradición Apostólica. Esta obra es de un interés particular, porque en la Providencia divina llegó a ser la fuente de la que brotaron muchas ideas y principios que en los siglos siguientes fecundaron la teología hasta el día de hoy. Para valorar su importancia basta ver, por ejemplo, la cantidad de veces que citan esta obra los documentos del Magisterio de la Iglesia, por ejemplo los del Vaticano II o el Catecismo de la Iglesia Católica. 



IRENEO DE LYON Contra los herejes II de V,

Su autor es el más destacado teólogo y Padre de la Iglesia del siglo II, San Ireneo de Lyon, que a través de su maestro San Policarpo fue discípulo de San Juan. Representa del modo más puro la Tradición Apostólica. Esta obra es de un interés particular, porque en la Providencia divina llegó a ser la fuente de la que brotaron muchas ideas y principios que en los siglos siguientes fecundaron la teología hasta el día de hoy. Para valorar su importancia basta ver, por ejemplo, la cantidad de veces que citan esta obra los documentos del Magisterio de la Iglesia, por ejemplo los del Vaticano II o el Catecismo de la Iglesia Católica. 



 

IRENEO DE LYON Contra los herejes (I de V)

 Su autor es el más destacado teólogo y Padre de la Iglesia del siglo II, San Ireneo de Lyon, que a través de su maestro San Policarpo fue discípulo de San Juan. Representa del modo más puro la Tradición Apostólica. Esta obra es de un interés particular, porque en la Providencia divina llegó a ser la fuente de la que brotaron muchas ideas y principios que en los siglos siguientes fecundaron la teología hasta el día de hoy. Para valorar su importancia basta ver, por ejemplo, la cantidad de veces que citan esta obra los documentos del Magisterio de la Iglesia, por ejemplo los del Vaticano II o el Catecismo de la Iglesia Católica. 



CRISÓSTOMO JUAN Carta a Teodoro

Hacia el año 369, San Juan Crisóstomo escribió estas dos cartas, o más bien apremiantes exhortaciones, a su amigo Teodoro,
que habiéndose dedicado por su consejo a los ejercicios de una vida retirada y piadosa, no permaneció constante en sus propósitos, y llevado del amor de una joven, por nombre Hermiona, aflojó la rienda a los caprichos de la juventud.
San Juan Crisóstomo lo exhorta y anima a hacer penitencia y dedicarse como antes a la vida de retiro.
El resultado de las cartas fue la conversión de Teodoro, que juntamente con Máximo y Basilio, amigos de San Juan Crisóstomo, volvió a hacer con ellos una vida de recogimiento y perfección, semejante a la monástica 2. consagrada al estudio de la Sagrada Escritura y de los ejercicios piadosos, bajo la dirección de Diodoro, que después fue Obispo de Tarso, en Cilicia, y de Carterio. que juntamente con Diodoro tenía el cuidado de los monasterios de Anlioquía. 


 


PALADIO DE GALACIA Historia Lausíaca

Nos hallamos ante uno de los primeros monumentos hagiográficos de la literatura cristiana y  ciertamente, “ante el historiador más eminente del monaquisino egipcio”'.
Las vidas de los santos Padres, la Historia a Lattso o Historia Lausíaca (todos estos títulos se hallan en los manuscritos), es la historia de los ascetas más ilustres de Egipto narrada a Lauso, alto funcionario de la corte de Constantinopla, por Paladio, amigo suyo.
Lauso había expresado a nuestro autor su deseo de conocer las vidas y los hechos de estos monjes de Egipto, de Palestina y de otras partes, cuyas proezas se comentaban con asombro en la capital. Y para satisfacer a sus deseos redactó Paladio en 419/420 una serie de biografías monásticas.



 

PADRES APOSTÓLICOS III, El Pastor de Hermas


 El Pastor de Hermas es un escrito complicado, difícil de entender, desconcertante en la exposición y confuso en las ideas. Son muchos los interrogantes que plantea la obra: escrito misterioso, de mediados del s. II, de carácter apocalíptico, aunque se enumere entre los Padres Apostólicos. Enigmática es la personas de Hermas, como lo son también la composición y estructura, los niveles redaccionales y el simbolismo de las visiones, alegorías y doctrina. Todo el conjunto crea dificultades a la hora de valorar el sentido y alcance teológico de sus enunciados.
 

PADRES APOSTÓLICOS II


 La iglesia ha roto con el judaismo, aunque haya aún “judaizantes” que intentan corromper la pureza de la fe cristiana, armonizando la
práctica del sábado con el “día del Señor”. La gnosis es vista por Ignacio como un gran peligro; ante ella, el obispo de Lyón, Ireneo, asiático de origen como Ignacio, invocará la continuidad de la tradición apostólica y citará el testimonio del obispo de Antioquía. Uno y
otro se harán fuertes en tomo a “la carne de Cristo”, verdadera piedra de toque ante docetas y gnósticos, y pilar fundamental para la “humana salus”.