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GREGORIO DE NISA Diálogo sobre el alma y la resurrección

El divino Gregorio, obispo de Nisa, nació en Sebaste (Capadocia) hacia el año 330. Fueron sus padres Basilio el Viejo y Emilia. Pocas veces encontramos en la historia del Cristianismo una familia que haya dado tantos santos a los altares. Merecieron tal honor su abuela Macrina, educada en la escuela de San Gregorio Taumaturgo; sus padres, Basilio y Emilia, y sus hermanos Basilio el Grande, obispo de Cesárea de Capodocia y padre de los monjes de Oriente; Pedro, obispo de Sebaste; Macrina, la primogénita, y Naucracio, monje solitario lo mismo que su hermana. No tiene por lo tanto nada de extraño que también Gregorio Niseno fuera venerado como santo, apenas dejada esta vida mortal, cumpliéndose así una vez más el dicho español “de tal palo, tal astilla”.


 


GREGORIO DE NISA Sobre la vida de Moisés

 Gregorio de Nisa nació en el Ponto, en la región de Cesárea de Capadocia, donde su padre ejercía la profesión de retórico y donde la familia poseía numerosas propiedades. La fecha de su nacimiento se sitúa entre los años 335-340. Desde luego no puede ser anterior al 331, ya que su hermano Basilio nace el 329 y entre ambos hay además otro niño: Naucracio.
El Niseno pertenece a una familia de elevada posición social y de viejo abolengo cristiano en la que influyó poderosamente la acción misionera de San Gregorio el Taumaturgo (ca. 213-275), discípulo de Orígenes y fundador de la Iglesia de Capadocia. Gregorio le dedicó un largo panegírico1 . En La vida de Macrina, el mismo Gregorio nos describe también el ambiente cristiano de la familia2: durante la persecución de Galerio y Maximino Daya, sus abuelos paternos tuvieron que ocultarse en las montañas del Ponto durante casi siete años y fueron privados de sus bienes.



GREGORIO DE NISA La gran catequesis

 Gregorio de Nisa nació en Cesarea, en Capadocia, alrededor del año 335; hijo de Emmelia y del escritor Basilio el Viejo y hermano menor de Basilio Magno, que fue su guía y su verdadero maestro. Gregorio se formó en la cultura de su tiempo asistiendo a buenas escuelas de retórica; pero, sobre todo, nutrió su mente con la sabiduría bíblica, que, dada su particular capacidad especulativa, hizo de él uno de los mayores filosófos y teólogos del Oriente cristiano. Antes «lector» y después maestro de retórica, se unió en matrimonio -por lo que se sabe- a la joven Teosebia; pero después dejó la vida secular y se retiró a la soledad monástica de Annesi, donde estaba su hermano.