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OROZ RETA JOSÉ San Agustín

  A san  Agustín  se le dedican una buena parte de las tesis  doctorales; pero al mismo tiempo las mejores obras del santo  apenas cuentan con lectores asiduos. Quienes están en  contacto con el mundo de la universidad saben que la  inmensa mayoría de los alumnos que salen de las  facultades filosóficas o teológicas no han entrado en contacto  directo con la obra agustiniana. Su conocimiento se concreta  en algunas frases mal citadas y peor hilvanadas. O, cuando  más, a contactos ocasionales y fragmentarios.
Todo ello  constituye un grave "handicap" para un pensador que ocupa,  por méritos propios, uno de los lugares más cimeros en la  historia de la cultura.



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 41

 Este volumen de las Obras completas de San Agustín, con el que se pone fin a la colección, quiere ofrecer a los estudiosos y lectores una muestra de la amplísima literatura que a lo largo de los siglos, en especial durante la Edad Media, ha venido utilizando el pensamiento, la doctrina de San Agustín, a través de alguna de sus obras o de colecciones y extractos de sus textos. Además, se han editado libros manuscritos e impresos, sin que se declare el autor que los ha recogido, y par lo tanto figuran anónimos, atribuidos a San Agustín, como protegidos con su autoridad indiscutible, pero que al no ser escritos por él están entre los libros pseudo-agustinianos, llamados apócrifos o atribuidos.




SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 40

 Agustín, en su existencia humana, vive siempre abierto hacia los demás. En realidad, no puede estar nunca solo, ni para lo bueno ni para lo malo. Ya desde niño actúa en compañía, porque «solo —dice— no actuaría» ; y arrastra y es arrastrado, comunicándose sus ideales y sentimientos como amigo leal de sus amigos en Madaura, en Tagaste, en Cartago, en Roma, en Milán, de nuevo en Tagaste, en Milán y Cartago. Cada paso que da, cada hallazgo que hace, es para comunicarlo e identificar consigo a sus amigos y discípulos.
Así, cuando se inquieta y lucha para encontrar la verdad, quiere que todos sus amigos sean como él; y trabaja por atraer a cuantos puede. Cuando descubre 1 a dummación de h sabiduría en el Hortensio quiere que los que están con él, los que lo siguen y lo admiran, no se dejen atrapar por las inquietudes y valores materiales, caducos y terrenos.




SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 39

Fue para San Agustín la introducción a un mundo nuevo. . Dos puntos especiales reclamaban su interés: 1) La teoría de la pirámide (jerarquía gradual y dinámica de los entes); 2) Separación de los dos ámbitos del Universo, el inteligible y el sensible (eterno y temporal). Al convertirse al cristianismo, pensó que debía armonizar ambos mundos, el platonismo y el cristianismo. La empresa era en sí misma imposible, pero para Agustín era posible gracias a una previa interpretación cristiana del platonismo. El Sumo Bien de Platón, cúspide de la pirámide, era convertido en el Dios personal, creador y libre de los cristianos: de ese modo, el principium coniunctum, la emanación, se convertía en creación. Al mismo tiempo, el Mundo inteligible (topos noetós o nous) se convertirá en el Verbo del cuarto Evangelio, que es Virtus et Sapientia Dei, esto es, principio formal y ejecutivo de la Creación. Así, ya no había inconveniente en transformar la trascendencia cuantitativa de los platónicos y la trascendencia cualitativa de los cristianos.


 


SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 38

 El diácono Quodvultdeo venía insistiendo a San Agustín en la necesidad de un manual sobre las herejías suplicándole desde el año 427 que escribiese un compendio donde recogiera cuanto enseñan las herejías conocidas.
San Agustín se excusa remitiéndole al Panarion, de San Epifanio, que puede encontrar y hacerse traducir en Cartago, porque es una obra importante. Quodvultdeo responde insistiendo que él no esperaba encontrar allí ni la refutación de todas las herejías ni la traducción adecuada. Pero se pierde una de estas cartas con el envío que Quodvultdeo hace a San Agustín de la traducción de la obra de San Epifanio. 



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 37

 Continúa en este libro la refutación de Juliano, contestación a lo que había escrito en su libro segundo sobre Matrimonio y concupiscencia, desde el capítulo cuarto al undécimo. Se esfuerza Agustín en probar lo que en dichos pasajes enseña al comentar el texto de la primera carta de San Juan: Todo lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne...— no viene del Padre. Es decir, la concupiscencia de la carne es mala, y no puede ser obra del Creador de la naturaleza humana. Es, dice, natural en los animales, pero al hombre se le infligió como castigo. El pudor de los miembros viriles tuvo lugar después del pecado, no antes. Contra Juliano, afirma resuelto que esta concupiscencia no tuvo lugar en Cristo ni en su grado menor y que los niños nacen culpables de un pecado de origen no por decisión de su propio querer, sino por contagio de un pecado. 



SAN AGUSTÍN Obras completas tomo 36

 Juliano de Aeclanum vierte en los ocho libros dedicados a Floro, uno de los obispos que se negaron a firmar la Tractoria de Zósimo, su concentrado resentimiento contra Agustín. En su tercer viaje a Italia, Alipio encuentra esta obra en Roma. Y aunque todavía no los había copiado íntegros, aprovecha una ocasión para enviar a su amigo del alma los cinco primeros, con la promesa firme de enviar los otros tres, y le insta a no diferir la respuesta.
Por esas calendas tiene Agustín en el telar de su estudio una obra que considera muy necesaria, pues está revisando todos sus escritos. Nos dice que ya ha pasado examen a sus libros, cuyo número ignoraba, y halló que eran 232. Le quedan por revisar cartas y sermones, trabajo que queda sin rematar.



SAN AGUSTÍN Obras completas tomo 35

 Hoy día no sería oportuno hacer una introducción en exceso apologética y, por lo tanto, anacrónica a los escritos antipelagianos de San Agustín, teniendo en cuenta los cambios profundos que ha experimentado la Iglesia, sobre todo después del Vaticano II, en cuanto a su concepción del hombre y del mundo y en su misma praxis pastoral, como puede observarse en su nueva normativa acerca del bautismo de los niños. El lector moderno preferirá sin duda poder captar con claridad y con un juicio maduro, sin perder de vista la situación actual, los entresijos de un capítulo tan fundamental en la historia de la antropología teológica como es la polémica pelagiana del siglo v. Ya que, como escribía H. Rondet, refiriéndose a la antropología teológica de Agustín, que se concreta en su doctrina sobre la gracia de Dios en Cristo: «En adelante, la historia de la teología de la gracia en Occidente no será más que una historia de la interpretación del agustinismo».



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 34

 Esta obra se presenta, por título y contenido, como una Epistula, género particular, si se quiere, pero muy llevado en la controversia donatista, según lo permiten comprobar la Epistula de baptismo, de Donato; la Epistula ad Tyconium, de Parmeniano; la Epistula ad Augustinum, de Petuiano, o las homónimas de Cresconio, el gramático, y de Gaudendo de Tamugadi, o la Epistula ad presbyteros et diáconos, del mismo Petiliano. Que sea un género particular y común no quita para poder considerar dichas cartas como verdaderos tratados. Que es lo que ocurre con nuestra carta pastoral.



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 33

 A mediados del siglo III, lo mismo Cirta que Milevi son ya ciudades de arraigado cristianismo.   Los hechos escisorios oficiales y definitivos tienen como escenario eclesiástico a Cartago, la populosa ciudad primada, pero  los elementos cismáticos más radicales siempre fueron númidas, cuya capital era Cirta. Allí tuvo lugar el famoso Protocolo y allí empezaron a manifestarse los primeros indicios del Cisma. No es extraño, pues, que los estudiosos vean en ella la cuna del donatismo. Un partido eclesial, por otra parte, apenas nacido cuando Constantino emprende la restauración y embellecimiento del casco urbano de Cirta  pero, al propio tiempo, tan pujante que el emperador preferirá levantarles a los católicos otra basílica antes que desposeer a los cismáticos de la suya.




SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 32

 Primer volumen de los que el santo dedicó a desarmar las teorías donatistas.



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 31

 A juzgar por sus Confesiones, el nombre de Fausto llegó a los oídos de Agustín al poco tiempo de entrar en la secta. Incapaces de dar respuesta a las serias cuestiones que el joven planteaba, los dirigentes africanos le daban largas, remitiéndole a la llegada de Fausto. Así, durante casi nueve años, Agustín le esperó con vivo deseo. La propaganda se lo había presentado como un hombre muy docto en toda clase de ciencias y, sobre todo, instruido en las artes liberales. Un simple diálogo con él bastaría —le decían— para que, con la máxima facilidad, esclareciese cuanto hubiese de oscuro. Quizá sea esta la única explicación de que el joven esperase tanto tiempo. De él aguardaba la solución a las dudas que le surgieron tras la lectura de los libros filosóficos y científicos.



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 30

 

A sus diecinueve años, en un momento no mejor precisable, Agustín abraza el maniqueísmo. El hecho no fue pura casualidad. Detrás de él queda la lectura del Hortensio de Cicerón con la nueva situación interior que originó en el joven; queda también la decepción que le originó d contacto con la Biblia; queda, sobre todo, la hábil y profusa propaganda maniquea, que Agustín debió asumir como la respuesta a los anhelos que en su interior habla despertado la lectura de la obra ciceroniana; propaganda que a su vez, muy probablemente, había sido en parte la causante tanto de los efectos positivos que originó en él la lectura de la mencionada obra, como de ü decepción que siguió a su encuentro con la Biblia.




SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 29

 

El libro de Job tiene una presencia no despreciable en la producción agustiniana, asociada a su actividad pastoral» y polémica2. De él se contabilizan 390 citas, de las que la mitad están representadas por los versículos 1,21; 2,9-10; 7,1; 14, 4-5; 28,283. A todas ellas hay que añadir la obra Adnotationes in Iob.
La obra es una de aquellas que Agustín dudó sobre si darla a la luz pública o no4. La opción positiva estuvo motivada por el hecho de que lo poseían ya los hermanos a cuyo interés no podía poner trabas 5.
Respecto a las Adnotationes cabe decir que se trata de una obra a la vez rara y difícil. Rara por su misma composición y origen. Agustín lee el libro de Job, hace unas glosas al margen, menos al comienzo y más a medida que iba avanzando la lectura, y deja así el manuscrito. Posteriormente, en un momento que ignoramos, unas personas, también desconocidas para nosotros, se encargaron de reunir dichas glosas constituyendo un libro aparte.


 


SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 28

 

El motivo por el que Agustín compuso esta obra lo expone claramente el autor en el prólogo: «Cuando leí con una cierta rapidez las Sagradas Escrituras llamadas canónicas y comparé las traducciones con las de otros códices, hechas sobre la versión de los Setenta, me pareció útil recoger en un escrito algunas cuestiones que me venían a ia mente para que no se me olvidaran, ya se tratara de recordarlas brevemente, ya sólo de proponerlas, incluso con algún detenimiento, ya de solucionarlas de algún modo, aunque fuera muy rápidamente. No se trataba de explicarlas exhaustivamente, sino de poder echar un vistazo cuando tuviera necesidad de hacerlo, o para comprobar qué tenia aún que investigar, o para estar dispuesto no sólo para pensar, sino también preparado para responder, según mis posibilidades, a partir de lo que me parecía ya suficientemente investigado».



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 27

 Dos libros que tienen por tema el Heptateuco (Quaestiones in Heptateuchum libri VII y Locution.es in Heptateuchum libri VII) fueron compuestos por el Obispo de Hipona el mismo año 419 ’. Pero no parece caber duda de que la primera obra en el tiempo fueron las Quaestiones, pues a ellas se remite en varias ocasiones en las Locutiones, aunque autores ha habido que han defendido la simultaneidad de redacción de ambas obras, imaginando a San Agustín escribiendo alternativamente sobre cada libro del Heptateuco, ora para las Quaestiones, ora para las Locutiones . Y esta opinión parece avalada por el Codex Corbeiensis (el más viejo de los códices), que presenta en este orden cada uno de los libros.



SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 26

Sexto volumen dedicado a los sermones de San Agustín. Es el volumen 26 de un total de 41.


 


SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 25

Quinto volumen dedicado a los Sermones de San Agustín, y vigésimo quinto de la colección.


 


SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 24

Cuarto volumen sobre Sermones de esta colección que abarca la obra completa de San Agustín en 41 tomos.


 


SAN AGUSTÍN, Obras completas tomo 23



 Tercer volumen sobre Sermones de esta colección que abarca la obra completa de San Agustín.