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FERNÁNDEZ-CARVAJAL FRANCISCO BETETA PEDRO Hijos de Dios

La dignidad de hijo de Dios es tan radical que transforma desde dentro todo el quehacer del cristiano en medio del mundo; su actividad se convierte en el obrar de los hijos de Dios. «La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual, porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la sencillez confiada de los hijos pequeños. Más aún: precisamente porque somos hijos de Dios, esa realidad nos lleva también a contemplar con amor y con admiración todas las cosas que han salido de las manos de Dios Padre Creador. Y de este modo somos contemplativos en medio del mundo, amando al mundo».



 

BETETA PEDRO Descubriendo a san José en el Evangelio

 

El Evangelio dice todo lo que Dios quiere revelarnos. Nada omite, salvo aquellas cosas que el hombre con su amor a Dios puede por su cuenta descubrir. La fe busca entender y el cristiano –un ser que ama a Cristo– necesita esforzarse en penetrar cada día más en la Sagrada Escritura.

Durante los primeros siglos los cristianos tuvieron en segundo plano a san José. Las alabanzas de los santos Padres se encaminaron a resaltar a José como «varón justo»

rodeando su silencio de abundantes virtudes, ante el protagonismo de Cristo, Señor de la historia. Se ensalzó, por ejemplo, su humildad sublime, su obediencia fidelísima, etc.

Pero esta devoción al Santo Patriarca, que comenzó siendo una semilla recibida de la tradición viva de la Iglesia, ha alcanzado en nuestros días una gran madurez. En este proceso han cooperado multitud de santos y no pocos teólogos. 


 

BETETA PEDRO Mirarán al que traspasaron

 Las devociones cristianas son prácticas de piedad, habituales o no, según cada caso, cuya razón de ser es honrar y reverenciar a Dios, en Sí mismo o bien en sus santos. Por tanto, como es lógico, hay muchas. En todas se ha de dar una pronta voluntad para entregarse al servicio de Dios  con independencia de los estados de ánimo y de las situaciones en las que nos encontremos. Las devociones aprobadas por la Iglesia han sido inspiradas por el Espíritu Santo y todas tienden a aumentar el amor de Dios.