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ALONSO SCHOKEL LUIS Hermenéutica de la Palabra 2,

Con un buen cargamento de literatura griega y latina, española y alemana, y con alguna pericia en el arte de analizar estilos, arribé a las playas hebreas de la Biblia: un Levante viejo, nuevo para mí. Y me dediqué a lo que casi nadie hacía en aquellos tiempos (1954- 1957): estudiar el lenguaje poético de algunos autores bíblicos. Y, aunque entreverada con otras tareas, ya no abandoné a lo largo de mis años de enseñanza la afición y dedicación iniciales.
Del paso de los clásicos a la Biblia da testimonio el último artículo de este libro. Como ha sido testimonio reciente y retrospectivo, no ha hecho falta cambiarlo ni retocarlo. De la etapa anterior, de enseñanza literaria, quedan libros agotados y artículos que no he recogido aquí: sobre ritmo, estilística, el humor y lo cómico...


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ALONSO SCHOKEL LUIS Hermenéutica de la Palabra

El profesor va consumando su vida académica en la foliación periódica, anual, de sus artículos. Follaje intelectual no sometido a las estaciones, brote irremediable de un tronco arraigado en una universidad y en un tiempo delimitado. Hojas múltiples de artículos, semejantes de forma, variables de tamaño, donde la variedad de colores sean quizá las lenguas en que se publican. Las hojas se desprenden y dispersan por países cercanos o remotos, se cuelan en bibliotecas impensadas, se secan para conservarse. Esas hojas dispersas, que en la dispersión cumplen su destino, ¿hay que reunirías y coserlas y colgárselas otra vez al árbol que las produjo y expulsó? Antonio Machado ironizaba: «Cosía con hilo doble las hojas secas del árbol». ¿No sería mejor dejarlas caídas? Al deshacerse en tierra con la humedad, quizá puedan fertilizar otros árboles, otras foliaciones intermitentes. No sería mal destino el de esa foliación.

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ALONSO SCHOKEL LUIS Job

El libro de Job es un drama con muy poca acción y mucha pasión. Es la pasión que un autor genial, anticonformista, ha infundido en su protagonista. Disconforme con la doctrina tradicional de la retribución, ha opuesto a un principio un hecho, a una idea un hombre.
Nuestro autor extrema el caso: hace sufrir a su protagonista inocente, para que su grito brote «desde lo hondo». La pasión o sufrimiento de Job enciende la pasión de su búsqueda y de su lenguaje; ante ella se van estrellando las olas concéntricas de los tres amigos, que repiten con variaciones y sin cansarse la doctrina tradicional de la retribución.

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Luis Alonso Schökel ESPERANZA

El hombre es creado para vivir. Y para morir. Y para vivir. Tal es el ritmo cristiano de la existencia: vivir-morir-VIVIR. Suprímase el tercer elemento, y la vida es una atroz decadencia (Aleixandre decía que la vida es la juventud y una alarga decadencia). San Pablo nos dice que el hombre querría saltarse la segunda etapa; cosa imposible. Pero adelantar la tercera etapa en la conciencia, con convicción, es base de la esperanza. El anciano, el que se encuentra en lo que ha dado en llamarse "Tercera Edad", se acerca al punto de intersección en que una vida, salvación en proceso, va a desembocar en otra vida, salvación definitiva. La última etapa puede ser lenta o vertiginosa, puede discurrir vacía o podemos llenarla. En todo caso, hay que salvar la vida y salvar la muerte, para ponerse finalmente, definitivamente, a salvo.
A eso van dirigidas estas páginas (para creyentes, puntos de meditación; para no creyentes, testimonio de una convicción), dominadas por el tema de la Esperanza, una de las vitudes teologales. Y, si hay que escoger una frase como lema, tomémosla de la liturgia: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ¡ven, Señor Jesús!