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JUAN PABLO II Vida de Jesús

 Cuando alguien le preguntaba a Juan Pablo II cuál era, de todos los problemas de la humanidad, el que más le preocupaba, solía responder: «Pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre, y, por tanto, sin amor, huérfana y desorientada».



SAN JUAN PABLO II, Orar


Una serie de puntos de meditación, fruto de la oración personal de Juan Pablo II.
Material valioso, impresindible, para todo aquel que quiera encontrar temas para hablar con Dios.
 

 


San Juan Pablo II CRUZANDO EL UMBRAL DE LA ESPERANZA

Para liberar al hombre contemporáneo del miedo de sí mismo, del mundo, de los otros hombres, de los poderes terrenos, de los sistemas opresivos, para liberarlo de todo síntoma de miedo servil ante esa ”fuerza predominante” que el creyente llama Dios, es necesario desearle que lleve y cultive en su propio corazón el verdadero temor de Dios, que es el principio de la sabiduría.” ”Ese temor de Dios es la fuerza del Evangelio. Es temor creador, nunca destructivo. Genera hombres que se dejan guiar por la responsabilidad, por el amor responsable. Genera hombres santos, es decir, verdaderos cristianos, a quienes pertenece en definitiva el futuro del mundo.” ”Ciertamente, André Malraux tenía razón cuando decía que el siglo XXI será el siglo de la religión o no será en absoluto.”

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Juan Pablo II DON Y MISTERIO

Escribió Juan Pablo II: Confieso que la propuesta, al principio, suscitó en mí alguna resistencia comprensible. Pero después me senti como obligado a aceptar la invitación, viendo en ello un aspecto del servicio propio del ministerio petrino. Movido por algunas preguntas del Dr. Gian Franco Svidercoschi que han hecho de hilo conductor, me he dejado llevar con libertad por la ola de recuerdos, sin ninguna pretensión estrictamente documental.
Todo lo que digo aquí, más allá de los acontecimientos históricos, pertenece a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima. Lo recuerdo ante todo para dar gracias al Señor: "Misericordias Domini in aetemum cantabo!" Lo ofrezco a los sacerdotes y al pueblo de Dios como testimonio de amor. 


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