Desde el s. XVII se consideran como tales, la llamada Epístola del Ps Bernabé, la Carta de Clemente de Roma a la Iglesia de Corinto, el epistolario de Ignacio de Antioquía, la carta de Policarpo de Esmima a los Filipenses, el relato del martirio de éste y, posteriormente, se incluyó también la Didajé; y, a veces, también los escritos bajo el nombre del Pastor de Hermas. No hay una regla fija que establezca quiénes deben ser considerados como tales, ya que modernamente se acostumbra a presentar cada escrito con amplias introducciones, comentarios, fuentes y, en ocasiones, estudios teológicos.

