Fue San Justino el primer iniciador de la filosofía cristiana, y el primer apologista de gran mérito. Además, derramó generosamente su sangre por Cristo y coronó con una santa vida sus méritos de filósofo cristiano y apologista. Por lo mismo, su nombre ha sido siempre muy venerado y sus obras han merecido siempre la atención y el estudio de los doctos. Sus obras indiscutiblemente auténticas son las dos Apologías y el Diálogo con el judío Trifón. Siempre han sido conocidas, estimadas y utilizadas.