Durante su viaje a Colombia en 1983, el primer sucesor de san Josemaría, el beato Álvaro del Portillo, afirmó que ya en 1939 había oído hablar al fundador de su devoción a Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia, y también referirse con enorme cariño a este país. «Miro el porvenir con mucho optimismo —decía el fundador en 1947—: veo ejércitos de hijos míos de todos los países, de todas las razas, de todas las lenguas Basta con que los primeros hagan lo que puedan —¡con alegría!— por corresponder, obedeciendo cada día con más empeño».