La oposición entre Oriente y Occidente tiene una larga historia. Escenifica dos mundos que se enfrentan a menudo, porque no se escuchan el uno al otro.
Sin duda, hubiera sido mucho más fácil que se tratara de entidades plenas y completas, armoniosas y estructuradas. Pero nunca ha sido así. Tanto Occidente como Oriente siempre han sido una amalgama de pueblos, etnias y territorios, que han tenido en ambas partes grandes dificultades para agruparse bajo un mismo estandarte, tanto política como ideológicamente. Por ello, en definitiva, las palabras Occidente y Oriente sólo pueden ser «genéricas», ya que en realidad existen orientes y occidentes en plural, más o menos vinculados a una u otra corriente que consideran próxima, hasta fundirse en una más amplia familia de pensamiento, oriental u occidental.

