FERNÁNDEZ ORLANDO Lo que quiso saber de la Igleia Católica y no se atrevió a preguntar
Por naturaleza, las personas no queremos comprometernos ni que nos digan cómo debemos vivir nuestras vidas. Cómodamente, encontramos un cierto estado de paz y una sensación de hacer el bien en la medida en que no matamos, no robamos y no lastimamos físicamente a nadie. Esta inapetencia por el compromiso es una de las razones por las que los movimientos espirituales orientales (que tienen a la madre naturaleza como su centro) han encontrado tantos adeptos en nuestros días: no exigen ningún compromiso. Estas corrientes religiosas basan el desarrollo espiritual exclusivamente en el yo mientras que el cristianismo lo basa en el prójimo.

