GARDEIL AMBROISE El Espíritu Santo en la vida cristiana

 Esta es la vida cristiana: la inhabitación de Dios en el alma que le ofrece hospitalidad; y la conseguiremos si, por la misericordia divina, vivimos en gracia. Dios mora en nuestro interior y ahí hemos de buscar a nuestro Huésped, al amigo con quien compartir esa familiaridad, esa intimidad santificadora.
En este estado el alma es una especie de semilla de eternidad. En la semilla está todo lo que un día será la planta; para que se desarrolle, basta que el sol y la humedad la alimenten, aunque eso no cambiará su naturaleza. Con la proximidad de Dios y con El como germen fecundante, nuestra alma es la semilla del cielo, de la bienaventuranza. En el fondo, el cielo y el alma justa son una misma cosa: todo está preparado en ella, pero aún no ha llegado el tiempo de la siega.