Una contienda bélica genera un enorme drama
colectivo. Rota la capacidad de diálogo, las armas imponen la ley del más
fuerte. En la retaguardia, la convivencia se torna suspicaz con el vecino y
hostil con el enemigo. Y, cuando se abre la puerta al terror, aparecen las
mayores bajezas en las que puede incurrir el hombre y, también, los
comportamientos nobles y heroicos. Así fue la guerra civil española
(1936-1939), que encamó la lucha y la represión de familias y de pueblos
hermanos. Su desarrollo y sus consecuencias han dejado heridas que, por
diversos motivos, todavía perduran en el primer tramo del siglo XXI.
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